17 de julio de 2012

Pavlova y esperando nueva casa

He soñado no una sino mil veces en vivir en un lugar lleno de luz, con espacios abiertos, materiales nobles, una bonita vista y una terraza para tomar café en las tardes y hablar cosas importantísimas en tono de secreto. Donde pueda cocinar a gusto y tomar mis fotos sin tener que trasladarme hacia otra habitación para conseguir un rayo de luz natural y donde no tenga necesidad de limpiar y ordenar más de lo estrictamente necesario.

Algo que en principio parecía no existir y luego de 10 años te encuentras con que sí, si existe y sí, si podríamos costearlo si dejamos de viajar en vacaciones, si olvidamos cambiar de auto por unos cuantos años, si invertimos todo lo que poseemos, si incluimos todo lo que hemos ahorrado en mas de 15 años de trabajo, si nos sacrificamos un poco más...

Ese lugar existe y aun no puedo creer que sea nuestro, después de 3 años de retraso en la obra, incontables traspies y una lucha de 9 meses con la burocracia de los bancos para conseguir un crédito, finalmente puedo decir que somos dueños de este pequeño apartamento tipo Loft:


Así son las áreas comunes, no aptas para los que sufren de vértigo (yo todavía no me atrevo a mirar para abajo pero disimulo mientras me sujeto firmemente a la baranda)

Los trabajos interminables, no veo el día en que acaben

Algunas vistas del interior y exterior de la pecerita


Aun falta mucho por hacer y a veces siento que damos dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, pero por ahora sueño con estar ahí, usar mi cocina no solo para mi  y recibir a mis allegados mientras la brisa mece la copa del bucare que se asoma por la terraza.

Y como hoy estoy contenta he decidido publicar esta receta, el primer postre que aprendí a hacer de niña fue precisamente este (o algo muy parecido) en aquella época batía las claras con tenedor hasta que dejaba de sentir el brazo, al invertir el recipiente la mezcla debía permanecer inmóvil, luego al horno a cualquier temperatura imposible haciendo que los suspiros salieran, la mayoría de las veces, quemados o demasiado tostados. Nunca se me ocurrió añadirles crema ni frutas y por lo general eran tan secos que al llevarlos a la boca parecía que estaba comiendo un pedazo de tiza. Pero yo era feliz y no lo sabía porque después de probar una verdadera pavlova los suspiros nunca más volvieron a ser lo mismo.

Pero los años de comer tiza quedaron atrás y recién ahora comprendo que con los merengues el secreto es la paciencia: un horno a baja temperatura, control cada 10 minutos y dejarlos enfriar dentro del horno para que no se cuarteen, me gustan ni muy secos ni muy blandos y cuanto más blancos mejor. Acompañados con crema y alguna fruta de temporada son simplemente maravillosos.



Ingredientes:
4 claras de huevo a temperatura ambiente
1 pizca de sal
170 g de azúcar blanca
15 g de fécula de maíz (maizina)
Para decorar:
Crema batida (queso crema o crema pastelera también sirven)
Pulpa de parchita (fruta de la pasión, maracuyá)
Azúcar glass
Frutas de temporada (pueden ser fresas, moras, mango, melocotones en almíbar o incluso kiwi)

Instrucciones:
Pre-calentar el horno a 110 grados centígrados

Colocar papel encerado y aceitado o una lámina de silicona (silpat) sobre una bandeja de horno

En una batidora eléctrica batir las claras con la pizca de sal, añadir gradualmente el azúcar hasta que el merengue se torne brillante y firme.

Incorporar la fécula tamizada lentamente con movimientos envolventes mezclando con una espátula de goma.

Con la ayuda de dos cucharillas formar las pavlovas sobre el papel encerado o el silpat. (dos medianas o cuatro individuales)

Hornear por 30 minutos o hasta que los merengues estén firmes al tacto.

Apagar el horno y dejar enfriar las pavlovas dentro hasta que lleguen a temperatura ambiente.

Retirar de la bandeja y guardar en un contenedor cerrado a temperatura ambiente hasta el momento de servir.

Preparar la crema batida endulzada al gusto con azúcar glass y pulpa de parchita y añadir las frutas de temporada.







8 de julio de 2012

Comiendo fuera: Festival Gourmet Internacional



Ya están a punto de encenderse los fogones para la Segunda edición del Festival Gourmet Internacional a realizarse del 12 al 15 de este mes en el Centro Internacional de Exposiciones de Caracas, CIEC. En esta oportunidad el talento venezolano se hace presente con la participación de reconocidos chefs (Edgar Leal, Alonso Nuñez, Chucho Rojas, entre otros) que apuestan por los sabores autóctonos con el uso de productos locales ofreciendo ponencias sobre diversos temas.

Esta es una excelente oportunidad para conocer y profundizar más sobre nuestros sabores, aprenderemos sobre carnes venezolanas, conoceremos sobre sales de producción local, probaremos esos quesos que nos encantan (telita, guayanes, de mano, entre otros) sabremos algo sobre ingredientes de Amazonas que particularmente rara vez he oído nombrar (pijiguao, túpiro,manaca, cocura, seje, copoazú, guayaba arazá) y por su puesto no faltará la presencia de la yuca, el coco y el aroma inconfundible del chocolate y el ají.

Por su puesto, no podía faltar a la cita la presencia de emprendedores artesanales, que afortunadamente aumenta cada vez más: dulces de batata, picantes de ají, mermeladas, miel y quesos de cabra, podrán ser adquiridos. También estarán algunos comercios de consumo masivo, venta de artículos especializados para chef y cocineros, vinos, cervezas, jamones curados, entre otros.

Y para cerrar con broche de oro, Chile, en su condición de país invitado a la segunda edición del Festival, protagonizará la agenda con diversidad de productos y personalidades de renombre: Rodolfo Guzmán, chef de Boragó, quien defenderá lo que él llama “Cocina endémica” y Matías Palomo, chef de Sukalde, quien dará a conocer las “Joyas gastronómicas”, que esconde su país en toda su extensión.




El Chef Rodolfo Guzmán, no sé qué provoca más: si comerse sus preparaciones o comérselo a él


El Chef Matias Palomo con una de sus creaciones extrañas y que me encantaría probar.


Así que ya lo saben del 12 al 15 de julio: charlas, conversatorios, degustaciones, catas (de vino, agua, chocolate, aceites de oliva y hasta sal) y la participación de más de 50 empresas se darán cita en los 4 mil metros cuadrados de área expositora de CIEC para recibir a los curiosos amantes de la gastronomía con hambre de conocer, de aprender y de hacer algo diferente en esta ciudad loca.

Para más información sobre entradas y actividades consulta aquí.

Nota: El CIEC está situado al este de la ciudad de Caracas, en el Centro Rental de la Universidad Metropolitana y cuenta con estacionamiento.

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