Panquecas de calabaza y jengibre

De Homemade

Estaba loca por mostrarles esta receta, la preparé en Noviembre pero no podía publicarla hasta que apareciera en TELVA.com, la hice especialmente para ellos y no se vale enseñar el resultado si no ha salido la publicación :D

Esta receta lleva una cantidad considerable de ingredientes, especias, calabaza y jengibre. No hace falta agregarles nada, pueden consumirse solitas, pero si añadimos, miel, maple, crema batida o como en el caso que muestro aquí, compota de ciruelas, pues el resultado es sencillamente celestial. Nada mejor que unas buenas panquecas para comenzar el día, yo podría desayunarlas a diario cambiando un ingrediente aquí y otro allá.


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Mi fascinación por las panquecas comenzó de niña, aprendí a hacerlas mucho antes de aprender a hacer arepas (si ya sé que mas de uno se extrañará al oirlo leerlo, pero es cierto) y es que las panquecas son esponjosas, suaves, ligeramente dulces y pueden acompañarse de casi cualquier cosa, a mi hermana le encanta comerlas con mantequilla y queso como si fueran cachapas, mi hermana es medio extraña, pero esa es otra historia.

Les dejo aquí la receta, si logran conseguir estas calabazas en el mercado de Chacao no dejen de comprarlas, también son excelentes para cremas, sopas y tortas.

Panquecas de calabaza y especias con compota de ciruelas

El sabor especiado y la chispa de licor hacen una combinación perfecta para un desayuno de esos días en queremos sentirnos mimados y confortables en nuestra casa.

Receta para 4 personas

Ingredientes para la compota de ciruelas
* 6 ciruelas negras maduras
* ½ taza de azúcar morena
* 1 copita de vino marsala, oporto o cualquier vino dulce.

Ingredientes para las panquecas
* 3 cucharadas de aceite vegetal
* 1 taza de puré de calabaza (curcubita moschata)
* 1/2 taza de azúcar morena oscura (yo uso papelón)
* 1/4 taza de azúcar granulada
* 1 1/4 cdta. de canela en polvo
* 1 1/4 cdta. ralladura de jengibre fresco pelado
* 1/8 cdta. clavo de olor molido
* 1/8 cdta. nuez moscada recién rallada
* Una pizca de sal
* 1 1/3 tazas de harina para todo uso
* 1 cucharada de polvo de hornear
* 1/2 cdta. bicarbonato de soda
* 1/2 taza de leche (aproximadamente)
* 1/2 taza de yogurt natural
* 1 huevo
* 2 cucharadas de ron oscuro
* 1 cdta. extracto de vainilla


Instrucciones para la compota de ciruelas:
Lavar las ciruelas y cortar en secciones descartando la semilla central.
Cubrir las ciruelas con el azúcar y reservar por 10 minutos.
Llevar al fuego las ciruelas y el azúcar hasta que este se disuelva, agregar el vino marsala y dejar hervir hasta que el líquido se reduzca y se espese.


Instrucciones para las panquecas:
En un tazón grande mezclar todos los ingredientes secos: la harina cernida con el polvo de hornear y el bicarbonato, los dos tipos de azúcar, el resto de las especias y la sal.

En otro tazón, batir todos los líquidos menos la leche: la crema agria, los huevos, la calabaza, el ron y la vainilla. Batir bien hasta integrar.

Añadir los líquidos a la mezcla de harina y mezclar bien con un batidor de mano.

Añadir lentamente la leche hasta obtener un liquido espeso pero fluido (no incorporar toda la leche de una vez ya que la humedad presente en la calabaza puede variar). Añadir el aceite vegetal e integrar bien.

Calentar una plancha de metal o sartén plano a fuego medio . Engrasar ligeramente la superficie con aceite o rociar con aceite en aerosol. Agregar aproximadamente 1/3 de taza sobre la plancha para cada panqueca. Cocinar hasta que se formen burbujas en la parte superior, de 1 a 2 minutos. Usando una espátula, dar la vuelta las panquecas y cocinar hasta que estén doradas en el otro lado, de 2 a 3 minutos. Trasladar a una bandeja de horno y mantener caliente en el horno mientras se cocina las panquecas restantes.

Las panquecas pueden guardarse en el refrigerador por 2 días y calentarse nuevamente en el microondas.


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Panettone

Nuevamente Noema a través de su interesante blog Intercultura y cocina nos regala su calendario de adviento que hizo las delicias de sus lectores el año pasado.  Esta es la segunda vez que participo y me siento dichosa de poder colaborar este año en el séptimo día de su calendario.



Aquí en Venezuela, así como en muchas otras partes del mundo, no puede faltar en las mesas navideñas el panettone, ese pan de origen milanés dulce y suave, de copete alto y lleno de frutas confitadas, pasas o a veces chocolate. Me confieso fanática de este pan y puedo comerlo a cualquier hora del día, especialmente en las mañanas como desayuno, acompañado de una buena taza de café con leche; sobre todo si la noche anterior estuvo compuesta por una copiosa cena con hallacas, pernil, pan de jamón y ensalada de gallina, esa es la comida que típicamente consumimos en esta temporada, así que para combatir el remordimiento me conformo con un pedacito de pan (bien sustancioso) y un café.

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Las panaderías, supermercados y tiendas de comida en general, están llenas de panettones para todos los gustos y acordes con cada bolsillo, y a pesar de ser costumbre conseguir panettone en cada mesa navideña, conozco muy pocas personas que se dediquen a elaborarlo en casa (pensándolo bien, estoy segura de no conocer a nadie que lo elabore en casa).

No sé como será en otros países pero aquí es posible conseguir esencia artificial de panettone para mejorar el sabor del mismo ¿?, yo prefiero los panes artesanales que se realizan con ingredientes de calidad, no creo que ninguna esencia pueda mejorar el sabor de eso.

En mi curso de panadería aprendí a hacer una versión criolla del panettone, no puedo decir que sea un pan fácil de hacer, hay que tener paciencia (y mucha) para dejar que la masa se desarrolle adecuadamente, pero les aseguro que esta versión es mas sencilla y fácil de realizar que otras vistas en libros y páginas especializadas.

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Esta preparación consta de tres "masas" que deben ser preparadas y combinadas en su debido momento: una masa madre dura, una esponja y la masa final

La noche anterior a la preparación del pan:

Masa madre dura:

20 g de harina de fuerza
12 g de leche
1 g de levadura instantánea en polvo

Mezclar bien los ingredientes y dejar en un recipiente tapado a temperatura ambiente (25 oC aprox) por espacio de 15 a 18 horas

Esponja
140 g de harina para pan (de fuerza)
63 g de leche ligeramente tibia
13 g de masa madre dura (el resto puede congelarse para usarse en otra ocasión)

Integrar bien los ingredientes y dejar en un recipiente tapado a temperatura ambiente (25 oC aprox) por espacio de 8 horas

Masa final:
Toda la cantidad de esponja preparada anteriormente
400 g de harina de fuerza
112 g de agua
26 g de levadura fresca (o 13g de levadura en polvo instantánea)
16 g de leche en polvo
4 g de sal
8 g de miel
1 g de esencia de vainilla
1 g de agua de azahar
120g de azúcar
1 huevo
1 yema de huevo
100 g de mantequilla
80 g de pasas
140 g de frutas confitadas
20 g de conchas de naranja confitas (en trocitos)
la ralladura de una naranja

Indicaciones:
En vista de la gran cantidad de mantequilla que posee este pan, la mezcla de los ingredientes se realiza en tres ciclos: el primero para preparar la masa y desarrollar el gluten, el segundo para incorporar la mantequilla y el tercero para incorporar las frutas.

1er. ciclo:
En una batidora de trabajo pesado (yo utilizo una kitchenAid)con aditamento de gancho, mezclar todos los ingredientes menos la mantequilla y las frutas. Amasar por 4 minutos a la velocidad más baja. Una vez integrados los ingredientes aumentar a 2 la velocidad y amasar por 3 minutos mas hasta que la masa desarrolle el gluten y se torne elástica.

2do ciclo:
Volver a colocar la amasadora en la velocidad mas baja, y poco a poco, muy lentamente y sin apuro, agregar la mantequilla en trozos pequeños dejando que la masa vaya absorbiendo la materia grasa. Una vez incorporada toda la mantequilla aumentar a la segunda velocidad y amasar hasta obtener una masa homogénea, lisa y muy elástica, 4 min aprox, (sabrás cuando está lista porque se separará de los bordes de la batidora). Esta masa debe tener un aspecto un tanto pegajoso.

Colocar la masa en un recipiente rociado con aceite vegetal y dejar reposar tapada por 90 minutos a temperatura ambiente (a mitad de este tiempo desgasificar la masa y darle vuelta en el recipiente)

3er ciclo:
En este momento la masa debe haber doblado su volumen, en una superficie ligeramente enharinada estirar la masa con las manos creando un rectángulo.

Distribuir sobre la masa la mitad de las frutas, presionándolas para que se incrusten en la masa. Doblar la masa sobre si misma en tercios, estirarla nuevamente con las manos y distribuir el resto de las frutas, doblando nuevamente la masa en tercios sobre si misma.

Dividir la masa en dos partes iguales y crear dos bolas de masa procurando que las frutas no sobresalgan en la parte superior de masa (se quemarán en el horno si esto ocurre)

Colocar cada porción de masa en un molde de papel especial para panettone (lo venden en tiendas de repostería). Colocar los moldes sobre una bandeja de horno y tapar holgadamente con un paño de cocina (yo coloco 4 vasos altos en cada esquina de la bandeja y sobre ellos el paño de cocina para evitar que la masa toque el paño y pueda desarrollarse por encima de los moldes de papel)

Dejar fermentar la masa por espacio de tres horas.

Media hora antes de que estén listos para hornearse, pre-calentar el horno a 175 grados centígrados. Colocar la bandeja en la parte inferior del horno y hornear por 35 minutos (si se observa que los panes se oscurecen demasiado pronto, cubrirlos con papel de aluminio para que no se quemen por arriba)

Una vez fuera del horno los panettones deben enfriarse boca abajo para que su copete no se colapse, para ello insertar dos brochetas de madera en la base de cada panettone y suspenderlos en algún lugar donde puedan colgarse (yo los coloqué entre dos sillas).

Dejar enfriar por completo (al menos dos horas)

Esta receta de para dos panettones de 650g c/u

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Ponqué de calabaza, jengibre y especias

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Me ha dado ultimamente por consumir especias como la canela, el clavo y ¡sorpresa! el jengibre, este tubérculo nunca me agradó del todo, tiene un sabor que me recuerda a algunos perfumes y por eso lo encontraba desagradable; sin embargo, en mis incursiones en la comida Asiática e India he descubierto que su sabor resalta algunos planos como ninguna otra cosa. Así que he decidido darle la oportunidad de hacerme cambiar de opinión :D

Por eso hoy me he propuesto hacer un ponqué (así le decimos aquí a los pound cakes de origen americano) con sabor a calabaza, jengibre y especias. Esta calabacita la compré ayer en el mercado de Chacao, tenían algunas abiertas para que la gente pudiera ver su maravillo color naranja intenso, mas intenso que el de la auyama común (de color mas amarillo)  no pude resistirme a ella, desde que me atreví a comprarla por primera vez hace varias semanas no he dejado de prepararla asada, en sopas, cremas, waffles y ahora, en ponqué. La tengo en mira para hacerla en panquecas la próxima semana.

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Esta receta lleva jengibre en polvo pero lo reemplacé por jengibre fresco rallado, lo que añade un toque picante al bizcocho que me encanta. Si están en el hemisferio norte y comienzan a pegar los fríos de temporada, este ponqué es una buena excusa para regresar rápido a casa.

Y aunque por aquí no sabemos lo que es el otoño, ni vemos cómo cambian las hojas de color, me gusta comer un trozo de este bizcocho naranja acompañado de café, cuando veo que afuera el cielo se torna negro como un mal pensamiento y los goterones de lluvia comienzan a golpear fuertemente las ventanas, dejando a su paso un olor a tierra mojada y a brisa fresca.

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Ingredientes:
     2 1 / 2 tazas de harina todo uso
     2 cditas. polvo de hornear
     1 y 1 / 4 cdita. sal
     2 y 1 / 2 cdita. de canela en polvo
     1 y 1 / 4 cdita. de jengibre molido (yo le coloqué 1 cda. de jengibre fresco rallado)
    3 / 4 cdita. nuez moscada recién rallada
    1 / 8 cdita. clavo de olor molido
    10 cucharadas. (1 1 / 4 barras, 125 g) de mantequilla sin sal
    3 / 4 tazas de azúcar morena ligera (como aquí se extinguió este tipo de azúcar, yo uso papelón rallado)
    1 y 1 / 4 tazas de azúcar granulada
    3 huevos
    2 / 3 taza de leche
    1 y 1 / 4 tazas de puré de calabaza*
    2 / 3 de taza de nueces tostadas y picadas
    1 / 2 taza de conchas de naranja confitadas



*Para hacer el puré cortar a la mitad la calabacita, envolver las mitades en papel de aluminio y hornear a 180 grados centígrados por 1 hora o hasta que al pincharla con un cuchillo la atraviese suavemente. Dejar enfriar, retirar las pepitas y la concha y procesar hasta hacer un puré.

Instrucciones:
Antes de comenzar sacar la leche, los huevos y la mantequilla del refrigerador, todos los ingredientes deben estar a temperatura ambiente.

Coloque una rejilla en el tercio inferior de un horno y pre-calentar a 180 ° C. Enmantequillar y enharinar un molde para ponqué grande.

Sobre una hoja de papel encerado, tamizar la harina, el polvo de hornear, la sal, la canela, el jengibre, la nuez moscada y el clavo de olor, reservar.

En el cuenco de una batidora eléctrica provista con el batidor plano, batir la mantequilla a velocidad media hasta que esté cremosa y suave, de 1 a 2 minutos. Agregar el azúcar (morena y blanca) y batir hasta que esté suave y esponjosa, alrededor de 5 minutos, detener la batidora de vez en cuando para raspar los lados del tazón. Agregar los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición.

Reducir la velocidad al mínimo y agregar la mezcla de harina en tres adiciones, alternando con la leche y comenzando y terminando con la harina. Agregar el puré de calabaza y batir hasta que se incorpore. Retire el tazón de la batidora. Usando una espátula de goma, incorporar las nueces y las conchitas de naranja hasta que se incorpore.

Colocar la mezcla en el molde y golpear ligeramente para sacar las posibles burbujas de aire. Hornear hasta que al insertar un palillo cerca del centro este salga limpio, alrededor de 1 hora. Transferir el molde a una rejilla y dejar enfriar 15 minutos antes de desmoldar. Desmoldar y dejar enfriar completamente.


Nota 1: si decides utilizar jengibre fresco, añadelo a la mezcla luego de agregar los huevos.
Nota 2: Esta receta alcanza para llenar el molde y sobra algo más como hacer 2 cupcakes medianos adicionales.

Adaptado de www.williams-sonoma.com

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¡He vuelto!

Volver de las vacaciones siempre ha sido un problema para mí. Regresar al trabajo, a la rutina diaria, al ruido de Caracas, al smog y a los motorizados nunca es fácil; sin embargo esta vez he vuelto con buen animo, no sé si sería por la escapada que nos dimos a Morrocoy en los últimos días que nos quedaban o porque pasarse todo un mes manguareando sin hacer nada de verdad relaja y da tiempo para muchas cosas.

Aquí dejo algunas fotos de nuestras vacaciones: una semana en Nueva York (nunca me canso de esta ciudad, cada vez que regreso me gusta mas) comiendo, visitando museos y exposiciones fotográficas y aprendiendo sobre culturas no solo de la norteamericana sino de cualquier parte del planeta. Todos los países, todas las culturas, todas las comidas del mundo en una sola ciudad ¿acaso no es maravilloso?. El solo hecho de entrar al metro es una ventana para ver (vernos) a todos los habitantes del mundo, me encanta esa diversidad, esa mezcla de gente diferente y variada. ¡Fascinante!. Lamentablemente nunca alcanza el tiempo para hacer todo lo que queremos, me quedé con una larga lista de lugares, tiendas y restaurantes sin visitar. Otra cosa que aprendí es que al viajar en grupo (eramos cinco amigos en total) hasta las cosas mas sencillas como decidir qué línea de metro tomar se hacen mas complejas, me atrevería a decir que la complejidad aumenta de forma factorial a medida que aumenta el número de personas, sobre todo cuando cada uno tiene expectativas, deseos, opiniones y gustos diferentes.

Esta vez me enamoré perdidamente de la comida Hindú India, ya la había probado la vez anterior que fui, pero esta vez decidimos llegar un tanto mas lejos, tanto que estoy haciendo lo posible por aprender algunos platillos básicos y hasta dí un almuerzo a mi familia este fin de semana (susto!) Espero no haber enfermado a nadie :D









De Morrocoy ¿qué puedo decir? :pescado fresquito, langostas a orillas de la playa lavadas ahí mismo, ceviche, pulpo, sol, arena blanca, estrellas marinas, aves increíbles, manglares, gente amable. Solo tengo mis pobres  fotos con la esperanza de mostrar aunque sea un poquito lo que se siente estar presente en ese lugar mágico, donde el agua del mar, a primera hora y cuando nadie lo mira, se muestra como un espejo de plata que refleja felíz el azul claro del cielo.

Playuela Morrocoy

Atardecer de Morrocoy

Bichito de tarde-noche

Posada Paraiso Azul

Florecitas

Nuestros vecinos

Vista desde la posada

¡Vaciones al fin!

Banana bread "sorpresa"

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Si hay algo que admiro de la cultura japonesa es el gusto por el detalle, nadie como los japoneses ha sabido crear tales obras de arte cuando se trata de seducir al paladar a través de la vista (solo basta con ver un plato de sushi para entenderlo). Para mi el placer de comer comienza precisamente en la presentación, un anticipo que indique que nuestra experiencia culinaria solo puede ir in crescendo.

Cuando observamos un hermoso plato en seguida nos creamos ciertas espectativas sensoriales sobre su aroma, su sabor, su textura. Solo cuando el sabor supera aquello que hemos imaginado sentimos que nuestra comida ha sido sublime y que cualquier cosa ha valido la pena (como por ejemplo romper la dieta o dejar empeñado un riñón para poder pagar la cuenta). Afortunadamente no siempre lo sublime tiene que significar un gran sacrificio de nuestra parte, con moderación y un poco de imaginación podemos crear cosas que seguramente alegrarán el rostro (y el paladar) de aquellos afortunados que lleguen a probar nuestros platillos.

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Por eso hoy he querido dar una presentación diferente a una de mis recetas clásicas y que de paso es una de las mas apreciadas por mis allegados (ellos lo llaman el maru´s famous) llevo años preparándolo en forma de cake pero recién ahora se me ha ocurrido hacerlo en forma de "sorpresa". Se trata de un cake de banana, dulce y aromático que contiene además chocolate y avellanas y que para nada es bajo en calorías, pero que bien merece la pena probarlo aunque solo comamos uno de estos bocaditos. Me he inspirado en Japón para hacer la presentación y aunque el contenido no tiene mucho que ver con los postres típicos nipones creo que han resultado lindos e ideales para regalar a alguien que en realidad se lo merezca, y eso por su puesto, también nos incluye a nosotros mismos.

Ingredientes:
180 g de harina todo uso
1  1/2 cdita. de polvo leudante
1 cdita. de levadura en polvo
1 pizca de sal
1/2 cdita. de canela molida
170 g de azúcar morena
3 huevos a temperatura ambiente
150 g de mantequilla o margarina sin sal (fundida)
2 bananas maduras
70 g de pasitas
80 g de avellanas tostadas y troceadas
50 g de chispas de chocolate

Sumergir las pasas en agua por 30 minutos antes de comenzar. Pre-calentar el horno a 180 oC.

En un recipiente batir a mano los huevos y el azúcar hasta que la mezcla espume y duplique su volumen.

En otro recipiente cernir la harina, el polvo de hornear, la levadura, la sal y la canela en polvo. Añadir a la mezcla de huevo y azúcar en tres partes alternando con la mantequilla fundida. Incorporar las bananas hechas puré, las chispas de chocolate, las pasitas y las avellanas de forma suave y envolvente.

Hornear en un molde de cake engrasado y enharinado por espacio de 50 minutos o hasta que al insertar un palillo éste salga seco. Retirar del horno y dejar enfriar 10 minutos. Desmoldar y dejar enfriar completamente sobre una rejilla.

Yo he utilizado para la presentación crema de limón (lemon curd) y una ruedita de banana cubierta con azúcar y caramelizada con un soplete de cocina ¡sublime!

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Mermelada de Guayaba

Cuando pienso en desayuno no puedo evitar pensar en cosas dulces: panquecas, cereales, pan tostado con mermelada y queso...necesito de algo dulce para poder comenzar bien el día, eso y una buena taza de café.

Esta receta de mermelada no puede ser mas fácil, y aunque detras de la preparación de una buena mermelada hay toda una ciencia que la sustenta y que hace que se produzcan resultados aceptables, hoy no quiero hablar sobre PHs, grados Brix ni porcentajes de peptina (sin embargo para los mas puristas y quisquillosos como yo que andan por la vida preguntandose el porqué de las cosas, aquí dejo este pequeño curso sobre elaboración de mermeladas). Hoy simplemente quiero compartir una receta que gustará a todos los amantes de los desayunos dulces.
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La guayaba suele consumirse en batidos de frutas y mermeladas. Tambien suele prepararse en almibar y servirlas acompañadas de queso crema Philadelphia (es el postre favorito de algunos). El hecho es que la guayaba en cualquier forma de dulce se acompaña muy bien con algunos tipos de queso, sobre todo quesos blandos frescos como el queso crema, queso guayanes, telita o queso de mano. (Por cierto, si se encuentran en España y desean saber a qué saben estos quesos deliciosos sepan que existe una fábrica de quesos venezolanos en Asturias. La información aquí ).

La guayaba es rica en vitaminas A, B y C, ademas dicen que entre sus beneficios nutritivos incluye el hecho de ayudar a bajar los niveles de colesterol malo.
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Ingredientes:
2 Kg de guayabas maduras
el jugo de 1 limón
azúcar.
Envases de vidrio con tapa.

Instrucciones:

  1. Lavar las guayabas y hervirlas enteras sin pelar en abundante agua fresca.
  2. Una vez ablandada la fruta (1 hora aproximadamente) retirar del fuego y dejar que enfríen a temperatura ambiente dentro de la misma olla con agua.
  3. Pasar las guayabas por un pasapuré o un procesador de alimentos hasta elaborar un puré con la pulpa.
  4. Pasar el puré por un colador fino o un tamíz para separar la pulpa de los restos de concha y semillas.
  5. Pesar la pulpa separada, verterla en una olla alta de acero o cobre (no de aluminio) y añadir 65% del peso de la pulpa en azucar, es decir si la pulpa pesa 1500 g añadir 975 gramos de azucar (0,65x1500=975)
  6. Añadir el jugo de limón y cocer a fuego alto hasta que espese revolviendo constantemente con una paleta de madera para que no se pegue.

Mientras tanto, para preparar los envases se deben lavar bien previamente con agua y jabón.
  1. Poner a hervir una olla grande con agua, introducir los envases y las tapas y dejarlos en el agua hirviendo al menos 15 minutos.
  2. Una vez la mermelada obtenga la consistencia deseada sacar los envases del agua y secarlos con un paño limpio y seco.
  3. Llenar los envases con la mermelada caliente hasta el borde superior. Tapar, dejar enfriar a temperatura ambiente y refrigerar.


Da para 3 frascos de mermelada de 250 gr c/u (aproximadamente)

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Quesadillas

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Esta receta debí publicarla el fin de semana pasado pero entre una cosa y otra no he podido hacerlo. Y es que una seguidora de este blog, Johanna Castro, me escribió para que le facilitara la receta de las quesadillas. Las quesadillas a las que me refiero no son las mismas que conseguimos en la comida mexicana, las de aquí, originarias de la región andina, son panes planos con forma de estrella y a veces con forma redonda, que vienen cubiertos con una mezcla entre salada y dulce debido a la combinación de queso y azúcar que llevan por encima.

En general no suelo comerlas en la calle, principalmente por el enorme tamaño en que suelen realizarse; yo intenté hacerlas mas pequeñas que las elaboradas en mi curso de panadería y sin embargo crecieron desmesuradamente hasta alcanzar un diámetro de 16 cm. Seguro que cualquier niño sonreiría con semejante dulce (yo no pude dejar de hacerlo cuando las vi salir del horno apretadas unas con otras luchando por un poco de espacio en las bandejas) pero para mi con un trozo mas pequeño basta.

Tampoco pude lograr la tan preciada forma de estrella, la masa insistía en no pegarse a pesar de haber añadido huevo en la zona donde se debe plegar. Esta masa debe quedar dura para que pueda mantener la forma, la mía quedó mas bien suave, y pienso que quizás debido a que la amasé demasiado en la batidora por estar distraida fregando platos :S


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Sin embargo han quedado muy sabrosas, tienen un sabor a anís que nos hace recordar a los queridos golfeados y son ideales para consumirlas calientes o tibias, el mismo día de su elaboración. Espero que esta receta le funciona a Johanna y que pueda matar el antojo que tenía de saborearlas luego de que su amigo dejara de traérselas desde San Cristóbal.

Ingredientes para el relleno:
Queso blanco duro: 250 g
Huevos: 1
Azúcar:250 g
leche en polvo:30 g
Miel:20 g
Esencia de anís: 1/4 de cdita.

Rallar finamente el queso y mezclar con el resto de los ingredientes. Reservas hasta su uso.

Ingredientes para la masa:
Harina todo uso (no leudante): 600 g
Agua:180 g
Levadura instantánea: 15 g
Sal: una pizca
Huevos: 1
Mantequilla o margarina:40 g
Miel: 5 g
Esencia de vainilla: 1/4 de cdita.
Azúcar: 100 g
Esencia de anís: 1/4 de cdita.
Leche condensada: 35 g
Leche en polvo: 15 g

Indicaciones:
Pre-calentar el horno a 180 grados centígrados. Engrasar dos o tres bandejas de horno.

En una batidora de trabajo pesado con el aditamento de gancho incorporado(yo uso una Kitchen Aid) mezclar todos los ingredientes de la masa hasta obtener una masa lisa y algo dura (5 a 6 minutos). Dejar reposar por espacio de 15 minutos y manipular enseguida.

Sobre una superficie lisa (no requiere engrasarla) dividir la mas en porciones de 120 g (o 60 g si se desean mas pequeñas) y formar bolitas con cada porción. Cubrirlas con un paño de cocina para que la masa no se seque mientras se trabaja una por una.

Con la ayuda de un rodillo extender cada bolita de masa hasta formar un disco. Pintar con huevo batido el borde del mismo, y con la ayuda de los dedos crear pliegues equidistantes para formar una base parecida a la de tartaletas.



Añadir una cucharada del relleno de queso y pintar los bordes con mas huevo batido. Colocar cada quesadilla en la bandeja engrasada manteniendo una separación de 3 cm entre cada una.

Hornear por 15 a 20 minutos hasta que la masa y el relleno adquieran un color dorado como los rayos del sol :)

Dejar enfriar un poco y consumir con una rica taza de café con leche o un vasito de leche fría.

Da para al menos 10 quesadillas grandes


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Torta chiffon de parchita

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Cuando llegué a vivir al edificio donde habito actualmente existía una planta trepadora en la jardinera de nuestra habitación. La jardinera tiene alrededor de 1 metro cuadrado y al estar el apartamento desocupado un buen tiempo, algunas plantas y yerbas crecían en ella de manera silvestre sin que nadie las cuidara.

La planta a la que me refiero no parecía nada especial y en mi primera limpieza la podé lo más que pude, en cuanto comencé a regar mis nuevas plantas la enredadera comenzó a crecer desmesuradamente y fue cuando comenzó mi guerra con esta señora testaruda ya que cuanto más la podaba, más rápido crecía produciendo hojas cada vez más robustas y sujentándose fuertemente a cualquier cosa. Parecía querer entrar en el cuarto y devorarse nuestra casa. La odiaba.

Un buen día mi hermana me comentó que aquella cosa podría ser una planta de parchita. "¿parchita? ¡no puede ser!" dije asombrada "¿será posible? yo pensaba que se trataba de algún alien extraterrestre". Decidí dejar de podarla y ver si en efecto era parchita. De serlo en algún momento tendría que florecer ¡y lo hizo! la pared se llenó de flores extraordinarias moradas, verde-amarillas y extrañas. Tambien llegó a echar frutos de color amarillo, tan ácidas que hubieran perforado cualquier estomago de haberlas consumido sin diluir.

La parchita, también conocida como maracuyá o fruta de la pasión es originaria de America y por eso se da en casi cualquier parte de mi país (hasta en las jardineras abandonadas de cualquier edificio en Caracas). Es el ingrediente estrella en mi receta de hoy, una torta chifon (o chiffon) de parchita cubierta con un baño de cacao oscuro, amargo y brillante. La suavidad del bizcocho en combinación con la acidez de la fruta y el amargo del cacao han catapultado esta pequeña torta al primer lugar entre mis bizcochos favoritos, y eso que no pensé en utilizar parchita inicialmente porque quería hacerla de café.

Los bizcochos tipo chifon utilizan como agente leudante principalmente el aire contenido en la mezcla de huevo, que se prepara separando las claras de las yemas batiéndolas aparte, produciendo así un bizcochito suave, esponjoso y delicado. Mucho se ha dicho sobre este tipo de bizcochos: que a veces quedan duros como una goma o que colapsan y se aplastan al sacarlos del horno, pero solo deben seguir las instrucciones al pie de la letra para obtener algo como lo que muestro aquí.


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Ingredientes para el bizcocho chifon de parchita:
1/4 de taza de jugo de parchita sin diluir (licuar la pulpa y colar las semillas sin agregar agua)
4 yemas de huevo
1/4 de taza más dos cucharadas de aceite vegetal neutro
20 g de azúcar blanca
1/2 cdita. de polvo leudante
100 g de harina todo uso
4 claras de huevo
100 g azúcar blanca

Instrucciones para el bizcocho:
Pre-calentar el horno a 170 grados centígrados

Mezclar la harina con el polvo leudante, cernir y reservar

En un recipiente batir (yo utilicé una batidora manual) las yemas, el aceite, la pulpa de parchita y los 20 g de azúcar hasta que espese y la mezcla se torne pálida.

Agregar la harina cernida poco a poco e integrar con la mezcla de huevo lentamente para que no pierda volumen (yo lo integré a mano)

En otro recipiente batir a máxima velocidad las claras hasta que espesen un poco. Añadir gradualmente los 100 g de azúcar hasta que la mezcla haga picos (ojo, deben ser suaves ya que si los bates demasiado el bizcocho quedará duro)

Agregar 1/4 de la mezcla de claras a la de yemas para suavizar un poco ésta última. Poco a poco añadir el resto de las claras en forma envolvente con la ayuda de una cuchara de madera o de goma.

Vaciar la mezcla en un molde para chifon sin engrasar de 18x8 cm (7x3.5 pulgadas) y llevar al horno por 45 minutos o hasta que al insertar un palillo cerca del centro éste salga limpio.

Retirar del horno e inmediatamente voltear el molde dejandolo reposar sobre el pico de una botella o un embudo hasta que enfríe totalmente (este punto es importantísimo porque si no se voltea el molde probablemente el peso del propio bizcocho hará que colapse sobre sí mismo)


Ingredientes para el baño de cacao:
150cc de agua
180g de azúcar
120g de crema de lecha
60g de cacao en polvo sin azúcar
6g de gelatina en polvo hidratados en 36g de agua

Instrucciones para el baño de cacao:
Fundir en una olla pequeña el agua, el azúcar, el cacao y la crema de leche hasta alcanzar 102 grados centígrados revolviendo de vez en cuando (si no poseen un termómetro de cocina esta es una buena excusa para hacerse con uno)

Retirar del fuego y verter en otro recipiente para bajar la temperatura.

Añadir la gelatina hidratada y revolver hasta que se disuelva por completo. Utilizar el baño de cacao cuando alcance los 40-45 grados centígrados vertiéndolo sobre el bizcocho colocado sobre una rejilla con un plato debajo para recoger el exceso.

Al enfriarse se asombrarán de ver lo brillante, liso y hermoso que queda este glaseado. Puede guardarse en la nevera y no perderá el brillo.

Da para 8 porciones generosas


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